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En el capítulo anterior vimos unos cuantos ejemplos de cómo arreglar mínimamente una base para que la cosa sonara contundente. Quedó clara la función de los sonidos como parte esencial del carácter de un arreglo musical, aunque no nos salimos ni un momento de los márgenes que estipula la normalidad. En este capítulo veremos algunos ejemplos no tan normales de arreglar un tema, para aquellos que les guste salir de lo común que, al fin y al cabo, somos casi todos. Como ejemplo vamos a ver diversas maneras de arreglar temas partiendo de la base del bajo, instrumento rey a través del cual el arreglo puede ser delicioso o sencillamente un buen churro, por mucho azúcar que le pongamos.
Para algunos de los que nos pasamos la vida arreglando temas, el bajo es uno de los secretos para que los arreglos suenen... ..bueno, digamos para que suenen, esto visto desde la perspectiva actual, que creo que es lo que nos interesa.
Y no lo digo por decir. El bajo cumple una función básica dentro del contexto musical de un grupo u orquesta: En primer lugar es piedra filosofal para el buen acompañamiento o complemento rítmico (entiéndase a la batería), ayudando y apoyando en los tiempos más débiles del compás, dejando aparte la cobertura sonora que nos puede complementar un buen pulso de bombo o de caja, o de cualquier instrumento de la batería, así como tapar algunos "agujeros negros".
En segundo lugar, continua siendo piedra filosofal a nivel armónico. Sabiendo que los acordes se componen de fundamental, tercera, quinta y tensiones (entiéndase como tensiones la séptima, novena, onceava, treceava, etc...., y que me perdonen los puristas por incluir la séptima en este apartado, sobre gustos no hay nada escrito), podemos conducir la armonía de un tema por donde queramos, pero siempre teniendo en cuenta el papel que realiza el bajo. En este sentido, hay algo así como 227.000 maneras de tratar la línea de bajo de un tema y por supuesto que no vamos a tratarlas todas, ni siquiera la mitad.
Y en tercer lugar (aunque puede haber muchos más) es un instrumento más a la hora de echarnos una mano con las melodías, y no es un recurso corriente, aunque sí arriesgado.
EL BAJO COMO COMPLEMENTO RÍTMICO
En el capítulo anterior puse un ejemplo en el que describía a un bajo apoyando los golpes de bombo de la batería, haciendo así una función de complemento rítmico, aparte de dar la base armónica.
Vamos a extender un poco este ejemplo, ok?.
En la figura 1 vemos un compás en el que el patrón rítmico del bajo encaja con el patrón del bombo, tal como vimos en el capítulo anterior, pero en este caso, el bajo es más picado. Si fuéramos unos buenos directores musicales tendríamos que indicarle al bajista que este patrón debe interpretarlo percutiendo la cuerda con el pulgar, al estilo "slap", en lugar de servirse de los demás dedos, aunque se supone que el propio bajista ya lo verá por sí mismo. EI ejemplo está en la tonalidad de Do, lo que significa que no utilizamos el picado en una nota que suena al aire en el bajo (el bajo o contrabajo afina sus cuerdas al aire con las notas Mi, La, Re y Sol, para los despistados o los que no lo sepan, vamos). Dicho picado suena más contundente en una cuerda al aire, especialmente el Mi grave o el La, pero como el ejemplo está en Do, hay que mencionar que el efecto que se pretende conseguir será más real si decimos al batista que percuta la cuerda más cerca del puente inferior del bajo, aumentando así la distancia entre las dos manos. Claro está que la mayoría de los bajistas ya saben esto y no hace falta decírselo. También habrá que tener en cuenta la distancia que hay entre la zona percutida y las propias pastillas del bajo, lo cual nos lleva a cambiar de posición según sea la marca del bajo, aparte de su propia calidad sonora.
En el caso de que el sonido de bajo esté generado por un sintetizador o sampler, escogería un sonido o muestra que tuviera un ataque bastante pronunciado, parecido al del bombo si fuera posible.
Intuyo la empanada que está empezando a formarse en vuestra cabeza, pero si queremos que todo suene correctamente hay que tener en cuenta hasta el mínimo detalle, aunque éste no tenga nada que ver con la pura y simple sensibilidad musical.
En la figura 2 vemos un bajo que, en lugar de ir con el bombo de la batería, va con el charles. Bien. No es que se trate de apoyar el charles. En este caso seria el charles el que apoyaría el bajo, por el simple hecho de que los tiempos fuertes del compás están cubiertos por el bombo (y quizá por algún otro instrumento que no figura en el ejemplo).
En este caso se trata de crear un efecto determinado, porque este tipo de líneas de bajo no son demasiado corrientes precisamente.
El ejemplo vuelve a estar en Do, aunque aquí, el bajista no deberá utilizar el pulgar para su ejecución (cosa que seria harto difícil), sino quizá una combinación de los dedos índice y corazón, aunque cada bajista tiene su propia técnica y no aconsejaría meterse en eso mientras el resultado sea satisfactorio (es triste, pero hay que decirlo todo).
En caso de duda en todo lo relacionado con el sonido del bajo (me refiero a un bajo eléctrico normal), aconsejo al interesado en el tema, si es que no es bajista, con lo cual estoy metiendo la pata, que le pida un día el bajo al hombre o mujer que lo toque con él y pruebe a tocar las cuerdas percutiendo con el pulgar primero y con los otros dedos después, escuchando por sí mismo la evidente diferencia de sonido que hay. Creo que de esta manera quedará explicado el por qué de tanta insistencia en el tema.
En este ejemplo hay cuatro compases de un tema que, en este caso concreto, pertenece al estilo de jazz moderno.
El piano realiza en su primer acorde una inversión poco corriente de un acorde de sol con la séptima mayor. Si observamos que el acorde de piano ataca en el primer tiempo del compás y el bajo en el tercer tiempo, al escucharlo veremos como se crea una atmósfera de armonía poco concreta que suma interés al tema en sí (recordemos que estamos en el estilo de jazz moderno).
De hecho, la parte de piano va totalmente independiente de la del bajo, excepto en la segunda mitad del cuarto compás, que realizan una rápida frase al unísono, complementándose con la caja de la batería
Mientras tanto, observaremos que el bajo, aparte de definir más o menos la armonía, juega un importante papel rítmico complementándose con el bombo, aunque el peso real del ritmo en sí lo lleva el charles, el cual deberá acentuar la primera semicorchea de cada tiempo para dar sensación de homogeneidad relativa.
El resultado final de esta frase de cuatro compases, así suelta, es de sensación de elegancia, aunque una frase en sí no signifique demasiado.
Personalmente pienso que una frase suelta dentro de un contexto de tema, es lo mismo que un acorde suelto: los dos pueden ser bonitos o no, complicados o sencillos, elegantes o vulgares..... lo importante es de donde se viene y a donde resolvemos.
Esta frase de la figura 3 puede ser todo lo elegante que queramos, que si la frase que le sigue no sigue la misma línea, todo se va al carajo. Vengo a decir que todo debe tener su equilibrio, sea este del tipo que sea.
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